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El diálogo social, una urgencia perentoria e inaplazable para poder superar las distancias, separaciones y exclusiones que nos caracterizan. Es un ejercicio que nos viene bien a todos en la hora presente y que nos abre un horizonte que nos saca del ámbito de la calamidad. Por ejemplo, la conveniencia de reiniciar la producción no puede ser forzada por la petición de sectores de los trabajadores insistiendo en que el gobierno suspenda las restricciones de la cuarentena para desplazarse a las empresas. Pero conviene llevar el tema al diálogo entre empresarios y trabajadores para razonar conjuntamente y tratarlo con el gobierno. 

El díalogo, consecuencia necesaria de la naturaleza social de la persona hay que extenderlo a todo tipo de comunidades: la primera de ellas la familia, luego la escuela y la universidad, la empresa y los grupos  sociales de distinto tipo. Podemos afirmar que no existe actualmente en nuestra sociedad un verdadero diálogo social, ni existe acuerdo en la búsqueda de un bien común. Hay demasiadas exclusiones y una extremada polarización, sobre todo en la política, lo cual  imposibilita la discusión libre de prejuicios y en libertad, sobre opiniones y soluciones, partiendo del respeto al contrario.

Y en la política y el gobierno que haya un diálogo para menoscabar grupismos, partidismos, clasismos y clientelismos. Y, entre todos, atacar el monstruo de la corrupción, que hace inmenso daño al país, y que desangra el Estado, fenómeno que vuelve inoperantes la legalidad y la ética y la moralidad de las los funcionarios y de algunos directivo y empleados sobre aspectos del diálogo social, y promover un nuevo liderazgo político, orientado al bien común.

La intolerancia, y  los odios dificultan un diálogo social pleno. La  inequidad social, cuyo índice es de los más altos del mundo,  crea un abismo entre ricos y pobres,  y no hemos puesto una solución adecuada para acortar esas distancias.Es la hora de plantearse el diálogo con disponibilidad a la concertación, empezando por la política, en la que se da la mayor falta de ejemplaridad y de moralidad. El diálogo nace y se desarrolla en el núcleo familiar donde está la raíz de la solidaridad y la base del respeto a los demás y del aprender a convivir y ser parte activa de la comunidad.

Convivir en paz, actuar con solidaridad, y buscar un bienestar para todos, no es imposible, y hay sociedades en el mundo que lo han logrado. No es una utopía  inalcanzable para los colombianos. Es la hora de soñar con una nueva Colombia, el proyecto común de país, para no dejar escapar esta segunda oportunidad única sobre la tierra, como diría Gabo, que se nos ha concedido.

Jorge Yarce

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Autor: admin

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